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Obra maestra
Nos encontramos ante un caso excepconal.
Cuando se tiene un guión sólido, fuerte, que es capaz de tocar temas terribles (niños abandonados, incesto, aborto, adicciones, heridos de guerra, enfermedades terminales) y otros mas agradables (amistad, primer amor, descubrimiento de la sexualidad) sin caer en moralina de bolsillo sino encontrando desde el primer minuto al espectador y dejando que tenga opinión propia, una película ya tiene muchos puntos a su favor. Además, la historia está contada con sensibilidad (no sensiblería) y delicadeza, lo que la convierte para todos los públicos.
Pero cuando se tiene ese guión, una dirección briosa y con un ritmo impecable, unos actores en estado más que de gracia (magistral Michael Caine), una fotografía brillante y una banda sonora de altura nos encontramos con una obra maestra.
Mejor dicho, nos encontramos con la obra maestra infravalorada que aparece cada cierto tiempo (y es que se llevó el Oscar a guión adaptado y actor de reparto, pero se podría haber llevado todos; y eso que se sorprendió mucha gente de que estuviera ahí y de pronto se convirtió en una de las favoritas).
Y es que a veces tiene que pasar algo de tiempo para que nos demos cuenta de estas películas que salen y los críticos llaman "pequeña pelicula bonita" o "sencilla, cómoda de ver" son auténticas lecciones de cine: películas sencillas (o no tanto) pero también sinceras y directas al corazón y al cerebro del espectador (o no se acuerdan de "Tomates verdes fritos").
kabukiman 
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