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Un cuento para adultos
Alicia, después de muchos años, decidió volver al país de las Maravillas. Pero, esta vez, no había ni conejos, ni flores parlantes ni reinas de corazones. Las únicas maravillas que afloraban en esos jardines eran fetos abortados, niños enfermos y pederastas arrepentidos. No obstante, Alicia tampoco era la misma. Su obesidad mórbida le impedía pasar por esas puertecillas que años atrás la habrían llevado a jardines verdes y encantados. Alicia tenía el culo demasiado grande para caber en casa del señor conejo, y demasiado pesado para sentarse a almorzar con el sombrerero loco. Alicia quería ser mamá.
La magia de los cuentos recae en que por mucho que los niños crezcan y se hagan mayores, éstos nunca envejecen. Los cuentos son una parada en el tiempo, un refugio a la madurez. Sin embargo, hay cuentos destruidos por el tiempo, desgarrados por la realidad y destinados a envejecer. “Palidromes” es uno de esos. Un cuento infantil en el que los niños han crecido, en el que Peter Pan ya no vuela y los niños perdidos esnifan pegamento. “Palindromes” es, como se explica en todo su desarrollo, un cuento deforme que nunca debió existir. Sin embargo, la reflexión de Solondz va mucho más allá de eso. Negar lo feo y lo deforme sería negar lo real, y, por mucho que detestemos a “Palidromes” y a sus habitantes, éste seguirá existiendo.
En ese país de las Maravillas donde ya nadie sorprende por sus poderes, y donde la magia subsiste en escasos momentos de amabilidad, Alicia desea cumplir su deseo. Desea ser mamá. Porque a pesar de lo cruel que pueda ser un cuento, éste, nunca, termina mal.
nostalgie_de_boheme 
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