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Todo un carácter
Una de las grandes obras del género gangsteril, una de las mejores películas de Walsh y una de las más celebradas interpretaciones de un chaparro histrión llamado James Cagney, perfectamente secundado por uno de los mejores secundarios de siempre, Edmond O’Brien. Ritmo endiablado a pesar de su duración, personajes de enjundia, diálogos precisos y buena resolución de las escenas de acción, incluso con llamativo despliegue de medios tecnológicos que, aunque hoy nos puedan parecer pueriles, en aquella época suponían el no va más. Un sádico criminal enmadrado, sin escrúpulos y con bastante mal carácter cuya obsesión es lograr la cima del mundo. Una película muy bien construida que sorprende todavía hoy por su frescura, por su fuerza dramática y por la visión cínica y despiadada de algunos de sus personajes. Un clásico intemporal.
Shinboneniná 
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