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PESADILLA FREUDIANA
Es moneda corriente: Oldboy es la película más importante en la filmografía de Park Chan Wook. Lo es por muchas razones, pero principalmente porque, con todo y su Grand Prix de Cannes, supone el ascenso del director surcoreano a las ligas del culto mundial. El opus intermedio de su trilogía de la venganza es una despreocupada narración, esbozada a modo de thriller, que desciende a lo más profundo del terror subjetivo, ahí donde anida lo eternamente humano, lo deseado, lo prohibido.
Oldboy es osada como pocas. Su arte, de irresistible manufactura, parece parida de las entrañas de la insanía y, francamente, uno no puede evitar preguntarse: ¿cómo es posible que lo bello pueda estar emparentado de manera irremediable con tanta mala saña? Park Chan Wook es un especialista en estos abismos y una imparable bestia de la narración. Pero no utiliza sus hábiles tretas como una tuerca en el engranaje de una historia con truco. Ni mucho menos. Su juego consiste en provocar una reacción visceral, incómoda, en el espectador. Acaricia con planos cuidados y colores fascinantes y, cuando llega el clímax (del que más vale no decir nada aquí) uno descubre que no ha sido engañado por una ágil maniobra argumental, sino que ha sido envenenado por esa mano, su paleta de colores, la simpatía de sus personajes y su magistral romance. Nada permanece puro, ni los protagonistas (maravillosamente interpretados), ni el espectador.
Park Chan Wook utiliza su genio y toma prestado de Freud, Shakespeare y Sófocles. Su Hamlet personal (Oh Dae Su) es un héroe brioso y descomunal. Su enemigo no lo es menos. La película es como los rieles fatalmente truncos en una curva descendente. Ser espectador y mirar hacia abajo es enamorarse. Enamorarse de la tragedia y de la inútil esperanza que cualquier ser humano tiene para encontrarse con un futuro luminoso vomitado a buches de la venganza. Pero, sobre todo, es enamorarse del cine. Ese cine sin concesiones, casi extinto, que no interpela con indulgencia, sino con la potencia de su autenticidad.
Pero cuidado! Oldboy es una enfermedad incurable. Y posiblemente la película más excelsa que he tenido la oportunidad de ver.
Claudio 
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