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Ang Lee acierta otra vez.
Creo que hay que decirlo claramente. Ang Lee es uno de los grandes directores en activo. Dejando a un lado a los maestros, Eastwood, Scorsese y compañía, Ang Lee se puede decir que está en el pelotón de cabeza de los directores que no fallan nunca. Puede hacer una obra maestra, o solo una gran película, pero siempre está muy por encima de la media.
Con Deseo, Peligro no ha hecho una maestra. Pero si le ha salido una gran película, compleja, cautivadora, fascinante en muchos momentos y sobre todo intensa. Y pese a los fallos que pueda tener, una película que admite cuatro calificativos así es una gran película.
Con esta película el director vuelve a hacer cine en su tierra, pero aun así nos habla de una época y unas circunstancias totalmente ajenas a él, como ha hecho en casi todo su cine.
Estamos en Hong Kong, durante la invasión japonesa de China. Allí un grupo de jóvenes de la resistencia china deciden infiltrarse en la vida de un colaboracionista para así poder acabar con su vida. Eligen como cebo a una compañera que se encargara de que su presencia sea habitual en la vida de este hombre. Esta implicación alcanzará cotas que ni ella misma será capaz de controlar.
Ang Lee comienza su historia detallando de forma precisa la preparación del plan. Es probable que le dedique demasiado tiempo, pero la calidad de la puesta en escena te mantiene pegado a la butaca, con alguna secuencia de una violencia memorable. Después de esto se desata el engaño y la simulación primero para después llegar al deseo, a la sensualidad, al sexo apasionado, sin dejar de lado el riesgo, el peligro e incluso la muerte.
Ya he dicho que la historia puede resultar un poco lenta al principio, que hay demasiadas partidas al domino ese al que juegan las damas, pero el talento del director consigue mantener el nivel con unas imágenes sólidas y poderosas de comedida belleza. Ang Lee rueda las mejores escenas de sexo que se han visto en el cine en mucho tiempo. Y los dos actores protagonistas se entregan a ellas de forma memorable. Además hacen trabajos de interpretación soberbios. Tony Leung está contenido, misterioso, complejo e inquietante. La joven Tang Wei es un absoluto descubrimiento. Sensual, delicada y perturbadora. Una pareja para el recuerdo.
Si ha esto añadimos la envolvente y sensible música del gran Alexandre Desplat, un diseño de producción adecuado, y una fotografía notable, el resultado alcanza un gran nivel.
Con media hora menos posiblemente estaríamos hablando de una obra maestra, así como he dicho antes solo es una excelente película.
ernesto 
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