|
Géneros extintos II: El cine de ciencia-ficción
Aviso al personal (masculino): Raquel Welch no enseña cacho. Lo cual no quiere decir que durante toda la película no haya tensión sexual entre ella y el resto de la tripulación con la que se embarca. Y es que ese traje de piel de melocotón en que se enfunda deja mucho a la imaginación del espectador...Pero vamos a lo que vamos, que nos dispersamos.
Hubo un tiempo en el que los guionistas de Hollywood vieron en la ciencia un aliciente magnífico para crear thrillers trepidantes o aventuras inimaginables. De aquí salieron joyas tan ingeniosas y entretenidas como Ultimátum a la tierra, La invasión de los ladrones de cuerpos o El hombre con rayos X en los ojos. Si bien había mucha más ficción que ciencia, una cosa hacía únicas a estas películas: El encanto. La posibilidad de plasmar universos que existen dentro de nuestra cabeza (imaginarios o reales) era un campo inagotable de ideas, unas más brillantemente plasmadas y otras menos.
En este caso, la película comienza con una escena vertiginosa: El intento de asesinato de un eminente científico, que guarda un secreto de incalculable valor. Las consecuencias de este acto llevarán a los protagonistas a embarcarse en un viaje alucinante al interior del cuerpo humano mediante su miniaturización.
Los empollones dirán que esto es físicamente imposible, pero como bien dice el amigo Sines, lo importante es que la "ciencia" sea creíble en el relato y no en la vida real. Aquí al menos la inverosimilitud resulta simpática y acerca a cualquier espectador curioso, a leer sobre el tema que se trata.
La recreación del tejido neuronal, el torrente sanguíneo, la pared coronaria... es fantástica, así como la capacidad de un magnífico Fleischer para hacer que el viaje sea un tour de force de sensaciones: Claustrofobia, asfixia, alergia...hasta ataques inmunológicos!
De los actores, sobresalen un magnífico Donald Pleasence como el sospechoso Dr. Michaels y Edmond O'Brien, como el general al mando de la misión. Lástima lo desaprovechado que está Arthur Kennedy, con ese personaje de científico grandilocuente y que gusta de soltar frases "inspiradas", resultando odioso.
Una de esas películas que curiosamente tiene un doblaje bueno, y que se pasa echando pipas gracias a la originalidad del guión y una tensión llevada de manera magistral. Otra reliquia más de un género que echó el candado hace ya unos cuantos años. Lástima.
tantra 
|