Ésta es una de esas películas que empiezas a ver con mucha ilusión por los dichosos prejuicios.
A saber: Michel Gondry es el directorazo de esa maravilla moderna penosamente llamada ¡Olvídate de mí! (Eternal Sunshine of the Spotless Mind) Y encima es el director de los videoclips musicales más atrevidos, originales y estimulantes del momento (puede que de la historia).
A pesar de todo, sabía que podía encontrarme una pega. En esta ocasión no trabaja junto al genial guionista Charlie Kaufman. ¿Se notará? ¿Le echará de menos? La respuesta es clara y contundente. SÍ.
Gondry plantea un personaje con problemas mentales severos, apartado del mundo real y sumido en el caos de sus constantes sueños. Llenos de originalidad y desde una perspectiva interesante, dichos sueños mantienen a flote la trama. Pero en ocasiones son excesivos, y según gustos, pueden llegar a cansar por su histrionismo y por su duración.
El gran problema, para mí, es la ausencia de interés en la supuesta vida real del protagonista, Gael García Bernal. Al centrarse plenamente en los sueños y en su influencia sobre la realidad, el resto puede llegar a parecer un pegote adherido e innecesario. Y ahí es donde se nota la ausencia del guionista, porque si hay alguien capaz de aunar imaginación, realidad, surrealismo y sentimientos, ese es Charlie Kaufman.
A pesar de esto, película recomendable para advertir nuevos caminos narrativos tanto en guión como (y sobre todo) en dirección (siguiendo la estela ya abierta en ¡Olvídate de mí!)
Lo mejor: Los sueños. Verdadero motor de toda la historia.
Lo peor: La desmedida distancia (en calidad y credibilidad) entre sueños y realidad.
spoiler:
Precioso (y doloroso) final.