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Una sonrisa por favor
Por lo general no me hacen demasiada gracia los gags de Peter Sellers, pero, tras un principio que no me enganchaba, acabé entrando en la película y disfrutando de las locas escenas que se suceden a ritmo de vértigo al final. Sin más pretensiones que el hacernos pasar un buen rato se van sucediendo situaciones divertidas, algunas manidas y previsibles, otras surrealistas, algunas curiosas y otras realmente divertidas. Al final incluso nos cae en gracia el protagonista. Una sorpresa ver a Claudine Longet, que sólo conocia en su faceta de cantante, en una actuación que no desentona con los demás actores del reparto.
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