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Que bajón, que flojera, a los Wachowski se la pela.
Tras una magistral primera parte (para el que esto escribe, una de las más brillantes entregas de ciencia ficción de la historia del cine), los hermanos de apellido extraño la pifiaron sobremanera.
No sólo porque no supieron adaptar los nuevos medios para los efectos visuales y les salió una cosa más artificial si cabe (y con escenas, como la de Neo vs. Agente Smithx10000, en las que el ordenador canta la traviata), sino porque se liaron con la historia: complicaron con una, en el fondo, absurda simplicidad, una argumento que, siendo interesante y levemente complejo, no era para tanto.
Pero nada, se ve que la ambición les pudo y sólo satisficieron a los fanáticos.
La película se deja ver sin problemas, aunque uno no deja de echar de menos muchas cosas. Hasta puede llegar a vibrar en la butaca con secuencias como la de la persecución en la autopista (espectacular y brillante, de largo lo mejor de la película).
Pero bueno, que el encanto se ha esfumado y la tecnología se lo cepilló por completo. Una verdadera pena.
En cierto modo, era una película innecesaria, pero se ve que los pobres habitantes de Sión (y el poderoso caballero don Dinero) fueron motivos suficientes para embarcarse en un larguísimo final en forma de dos decepcionantes secuelas, aunque ésta es, sin duda (y haciendo caso omisa de la opinión general), la peor.
Sarasa 
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