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¡No mames güey!
Me encuentro ante el guión más insólito y absurdo de cuantos he podido ver durante una buena temporada. Dice Díaz Yanes que el guión salió sólo, rápido, porque lo tenía pensado dese hace diez años. Pues quizá debería haberlo dejado en la bodega diez años más. Los guiones, señor Yanes, no se hacen rápido. Se cuidan, se miman; al guión se le da forma, es la espina dorsal de la película y si falla, falla todo lo demás. Fallan por ejemplo, los personajes, que dejan de tener veracidad, fallan las sorpresas y los giros que dejan de ser sorprendentes. En definitiva, falla la película entera que nace herida de muerte.
Escuché que las interpretaciones eran buenas, pues la verdad es que partiendo de un punto en el que no me creo nada de nada, las interepretaciones me dan lo mismo porque: la Maverick de Ariadna Gil no me la creo, la historia Pretty Woman me da vergüenza, la suciedad de López de Ayala me sonroja (tanta fragilidad envuelta en esa mugre y protegida de rodilleras me da escalofríos), la despreocupación de Abril por un hijo que se arropa con la humareda de los bares y que intentan arreglar de mala manera al final de la película (escena de ya por sí sobrante y para plantearse si el guión lo hizo el niño de la película) es inaudita,…
Precipitación, escenas metidas con calzador para justificar el avance, unos diálogos en los que bien por culpa de esa forma de vocalizar como el culo o por la jerga mexicana o más bien por las culpa de las dos juntas y revuelas perdía información de manera alarmante, y un final que pretende ser poético-romantico y se me queda torpe y chavacano dan como resultado que sólo quiera correr, no caminar, y alejarme ya de todo esto.
Chagolate con churros 
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