|
Poema fordiano
Desde el mismo título de esta obra (lamentablemente re-titulado aquí como Pasión de los Fuertes) Ford ya hace una declaración de intenciones de lo que pretende con este film, uno de los más poéticos westerns de su carrera. Una historia de venganza, pistoleros y jugadores profesionales bajo el título de una nostálgica canción popular. Uno de los westerns más líricos de la historia que paradójicamente se basa en un famoso episodio violento. Y es que My Darling Clementine es un film de continuos contrastes, desde su maravillosa fotografía en b/n hasta el planteamiento de los personajes o el paisaje. Balas y Shakespeare, tradición y progreso, ingenuidad y almas atormentadas o los grandes espacios abiertos y los paisajes urbanos conviven en este rico relato con tintes de tragedia griega. Ford realiza un trabajo ejemplar, de una sutileza extraordinaria al abordar personajes, un gusto exquisito en la composición del plano (con algunos realmente bellísimos), un pulso narrativo irreprochable y una puesta en escena brillante. Magníficas actuaciones de Henry Fonda, Walter Brennan y un sorprendente Victor Mature, cuyo nivel son incapaces de mantener las actrices, que se limitan a cumplir. El guión se convierte pronto en uno de los puntos fuertes del conjunto, en el que la supuesta falta de rigor histórico (Ford siempre insistió en que el propio Earp, ya anciano, le asesoró en todo momento) no deja de ser anecdótica ante la descripción de personajes, situaciones y diálogos que contiene. Como las grandes películas, My Darling Clementine no tiene puntos débiles que merezcan la pena ser señalados. Todos aportan en mayor o menor grado su parte para que al final tengamos una obra maestra del western y del cine en general. Sin duda uno de los mejores westerns de Ford, a incluir junto a otros ilustres títulos del director como The Searchers, The Man who Shoot Liberty Valance, Stagecoach o Two Rode Together.
jairechu 
|