|
¡Atención, caballeros y caballeras! ¡3x1 en el bar de Zaratustra!
“Sublime cinta”
(Soisa)
“La vi bastante ciego pero me congratula tan terriblemente que no encontrareis a nadie tan embriagado, ebrio y empalmado tras su visionado. Ni en Ortigueira (¡marchando un sol y sombra!) ni en Austria.”
(Soisa)
“El paroxismo metafórico deviene en un dionisiaco pelotazo de ambigüedad, en los mensajes subrepticios, para unos o en un sobrevalorado, excesivo y pretencioso matarratas para otros. Diferencias tontas entre semejantes, para salvarlas bastaría con una nocturna y bien cargada misión en la calle, el arquetípico botellón, donde volarían los güisquis y los gintonics a gusto de los peneques, y al final, con todos bien regados y una impostación ausente, acabarían riéndose, como hermanos, del cachondo mental de Darren.”
(Soisa)
“
“¡Ay de todos aquellos que aman
y no tienen todavía una altura que
esté por encima de su compasión!”
Así habló Zaratustra (II, pp. 141-142).
Ahí va un trago del copazo de grandes verdades cuasi utópicas de nuestro amigo el bonachón alemán, aquel que fue mas allá del maniqueísmo y nos dejó caer como chuzos señales tan visibles como inconscientemente ignoradas. Esta misma copa es la que agarra el director de esta película, acabando hasta las cejas de bourbon existencialista y siendo mecido por el mismo cúmulo nimbo filosófico que pretende crear, en ocasiones tan alegórico que parece sobrepasarle.
La peli en cuestión nos plantea la teoría del eterno retorno (vida-amor-muerte-dolor) en tres historias con 1.000 años de diferencia, de la cual también se podría interpretar como una misma: pasado-libro, presente y futuro-interior (mostrado con una fotografía bastante efectista y algo bizarra). Todo esto lo digo sin patxarán de por medio, no siempre voy puesto cuando digo tonterías.
El montaje, por momentos absurdo, también puede dar a entender que pretende guiñar el ojo a la citada teoría, pero, al contrario que mi intención, lo suyo fue involuntario e imposible de evitar. Al parecer le hicieron un recorte tan brutal en el presupuesto que le obligó a entrar pedo en la sala de montaje y repetir varias escenas durante la película para poder rellenarla, llevándonos constantemente hasta atrás y hacia delante. Justo lo que yo quería hacer pero con su mujer, Rachel Weisz, de deseable clítoris. Supongo que otras/os opinarán lo mismo del cebollón o el ojete moreno de Hugo Jackman pero eso ya es aceite de otro costal. Por ahora nos tendremos que conformar con el estupendo “duelo interpretativo” que se pegan en la bañera.
Por último he de incidir en la parte que mas me gusta:
Que no es otra que cuando nuestro borracho del siglo XVI (que no ubriaco, puesto que hace de español) ha petao convirtiéndose en un ventrílocuo mas floral que vocal y es que en su búsqueda de zarzaparrilla inmortal sólo encontró savia de garrafa."
(Soisa)
Me gustó. Tras su visionado me encontré con que alguien había colocado una botella de cazalla en mi regazo y bordado una S en mi capa. Ah, no, era una Z.
Soisa 
|