Dura, durísima representación de la adolescencia de dos muchachos y su relación con su madre y, sobre todo, con su padre. Zvyagintsev, para mi gusto, plasma uno de los mejores estudios psicológicos de esta etapa tan temprana y crítica en nuestra vida, que he visto en años.
Que no se asusten aquellos que por dura que es la película, creen que van a ver escenas desagradables y truculentas como nos tienen acostumbrados en otros films para sobrecogernos. Nada de eso, no. El director recurre a un ritmo pausado, irreversible, para sumergirnos cada vez más en una espiral de sentimientos, frustraciones, rencores y sobre todo, miradas, miradas que cortan la respiración. Quien haya tenido una infancia inolvidable, recordará muchas cosas gracias al magnetismo de esta película. Omito hablar de posibles referencias en la película a autores como Tarkovsky, Dreyer, etc. porque ya se ha hecho con detalle en otras críticas anteriores a la mía. Yo me remito al visionado; sencillamente, me hipnotizó.
spoiler:
La presencia de la madre es escueta, aunque muy ilustrativa. Si no, miradle la cara cuando se mete en la cama con el marido.
En cuando al padre, ¿podéis creer que no me parece malo del todo? Está claro que es un déspota y brusco en sus maneras, pero percibo cierta nobleza en sus intenciones a las hora enseñar a sus hijos: llevarlos de excursión, enseñarles a cortar madera, a asumir sus errores,...