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Supongamos
Supongamos que se acerca el puente de agosto. Supongamos también que la opción que se baraja es la de ir a pasarlo a un camping cualquiera.
Nos situamos en la víspera del fin de semana y aparecen los primeros veraneantes. El terreno está virgen por lo que las mejores parcelas son invadidas. Junto a la piscina, a la sombra de los gigantescos nogales, o los terrenos más verdes serían para los más madrugadores.
Pasamos al día siguiente. Llega el segundo pelotón. Aún hay buenos sitios, no los mejores pero sí en segunda linea; a 30 metros de la piscina, a la sombra de un sólo nogal ó en donde aún queda verde.
Nos metemos en pleno puente. El camping es ocupado al 95% y tercer grupo que aparece. En él tú. Ahora ya no hay opción de tener a mano la piscina; tocará caminata. De nogales dando sombra cero; el sol sin piedad a la lona de tu tienda. Verde menos; más bien arena desértica... mucha gente llegó antes que tú. No te queda apenas sitio donde acomodarte.
Así está el cine. Las parcelas serían las tramas y los días del puente serían las décadas. Cuanto más tiempo pasa menos terreno tiene el nuevo cineasta para explorar sin pisar lo que ya otro contó. Ya todo está escrito y dicho por quien llegó 60, 50, 40 ó 30 años antes que él. Como prueba un botón; "El diablo sobre ruedas", considerada gran obra pese a su aparente simpleza. Fue original, factor que cotiza. Probablemente si se hubiese rodado hoy no tendría el mismo efecto porque nos sonaría a algo mil veces visto.
Carretera, gasolina, acoso y tensión son los únicos ingredientes de este brutal cocktel molotov. Sin giros argumentales, sin digitalizaciones, sin parafernalias y con mucha humildad. Un algo tan pequeño y tan grande al mismo tiempo.
JuanCádiz 
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