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El dulce daño
Nada menos que de USA viene una relación sadomasoquista sin el castigo sempiterno, divino, moral ni social y con un punto de comedia. Erotismo moderado en expresiones directas, pero intenso en sugerencias, con una pareja de lo más ardiente entre el sólido oficio de James Spader y Maggie Gyllenhaal, que aporta una frescura muy peculiar a su carácter de sumisa locamente enamorada.
De amor y de locura entre la enfermiza necesidad de castigar y de ser castigado como una forma más de relación entre adultos, y no como algo decididamente cruel y malsano.
La polémica está servida, pero la película se ve con mucho agrado de principio a fin. Digan lo que digan, la recomiendo vivamente, me parece un cálido ejercicio de innovación y humildad sobre un tema tabú.
horacio 
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