Vaya por delante que me encantan las secuencias de acción, que la banda sonora es formidable, que Hugo Weaing se come el filme en cuanto aparece...
Pero la ilusión de espesura y densidad que la primera entrega de la trilogía mostraba se derrumba aquí y termina por estragar.
¿Qué cuernos tiene que ver el mesianismo con la mitología griega? ¿Aporta profunidad a la historia llenarlo todo de referencias latinas o a la filosofía moderna -verbigracia: ese personaje llamado Karl Popper-?
La respuesta es NO.
El film es un confuso test de Roschach pasado por un túrmix comiquero-fantacientífico que se atasca en numerosas disquisiciones (véase cómo Neo dialoga con el Arquitecto o el Oráculo de una manera tan retórica como ininteligible) y no puede ocultar que en el fondo es un hueco espectáculo -aunque con pretensiones- lleno de FX, ruido y furia.
Porque... ¿de qué diablos sirve filosofar tanto sobre la naturaleza de la realidad, el libre albedrío o el sentido de la existencia cuando todo termina por resolverse a guantazos?
En fin. Las mentes despistadas podrán pensar que la trilogía tiene algo que decir, pero la realidad es que es pura oquedad blockbuster disfrazado de ciencia ficción seria.
spoiler:
NOTA:
Lo de Sión no tiene precio: manejan tecnología virtual futurista, pero luego se pasean descalzos y semidesnudos por cavernas en las que montan una rave con toques tribales para celebrar que los malos vienen a por ellos.
JO-DER.