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“Hay una fortaleza en el Sur, donde hace algunos años se cometió un asesinato
Así comienza esta película que no llego a España hasta finales de los 70, cuando la censura ya había sido erradicada del país. Quizá mejor, porque haber mutilado esta película hubiera sido desastroso para futuros visionados. En una escena, Brando llega del trabajo y sale al jardín, Taylor está sentada en una hamaca. Ella, una ninfomanía que no se siente correspondida, habla de su caballo, un purasangre blanco (Firebird). Él la reprocha ese amor por un animal y ella, levantándose para irse aún tiene tiempo de espetar:
- ¡Es un semental!
La cara que se le queda a Marlo Brando es tan expresiva que ya nos pone en aviso. La película no ha hecho más que comenzar.
La elección de Brando (por aquel entonces una de las estrellas de Hollywood) para interpretar a un oficial del ejercito homosexual fue ciertamente casual. Su papel, iba a interpretarlo Montgomery Clift, pero su muerte antes de la producción hizo que Huston barajara otros nombres entre los que se encontraba Richard Burton o Lee Marvin. Al final, fue Brando el que acabó interpretando al oficial Penderton alegando que escogió el papel porque le daba la oportunidad de montar a caballo. Pero curiosamente, cuando se le pidió que montara en su primer día de rodaje, Brando admitió su terror a los animales. Quizá por ello, esas casualidades que a veces ocurren, Brando hace suya la ansiedad de Penderton por ser un buen jinete. Y en una de las escenas más brutales, Brando haciendo de Penderton (o quizá al revés) desata toda su represión sexual con el animal indefenso. Su escape agresivo lo plasma Huston sin palabra ni diálogo alguno, con unos latigazos que son interrumpidos por el “cuerpo (desnudo) del deseo” del soldado raso Williams (Robert Forsters).
Leonor (Elizabeth Taylor) se muestra desde su primer instante dominante, jugando con la fusta, domando a los que a su alrededor está. Y uno de ellos, es el amigo de Penderton, el coronel, Morris Langdon (Brian Keith) casado con Alison (Julie Harris). Huston nos enfrenta a dos hombres completamente diferentes. Por un lado esta Penderton, incapaz de satisfacer los deseos sexuales de su mujer, mal jinete y de gustos extraños (la escena de la crema es cuanto menos significativa). Por el contrario, Langdon es la masculinidad: un líder, machista, gran jinete (de nuevo simbología sexual), rechaza aquellas cosas extravagantes como música clásica o la cultura. A su vez, se abre otros interrogantes en la trama sobre la débil Alison y su extraña relación con el criado (el eunuco filipino Anacleto).
Abrónchense los cinturones porque esto continua
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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spoiler: Al final, Huston sabe como llevar cada trama y cada personaje y dota a la película de un magnetismo especial y de un suspense morboso. Consigue que percibamos la monotonía aburrida en este fuerte (en tiempos de paz) con charlas triviales, fiestas, juegos de cartas…
Por último, cabe reseñar la fotografía dorada de toda esta película. Un experimento (a juego con el título de la novela) que consigue en cierta medida, mostrarnos esas tardes tórridas de verano donde no hay anda que hacer y donde ni el aire se levanta.
“Hay una fortaleza en el Sur, donde hace algunos años se cometió un asesinato"
Chago77 
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