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Auténtico y genuino Chabrol
Tras el leve tropiezo que para mí supuso “Borrachera de poder” (demasiado homófona a la vez que enrevesada), Chabrol regresa en plena forma y con todas sus constantes intactas con “Una chica cortada en dos”.
Para empezar tenemos un trío protagonista burgués que va evolucionando del drama pasional a la intriga criminal, como en la sesentera época de "Las ciervas" o "La mujer infiel".
Dentro de ese terceto destaca la maravillosa LUDIVINE SAGNIER, basculante entre lo angelical y lo morboso, en la línea de la inolvidable Emmanuelle Béart de "El infierno". Su ocupación televisiva sirve para hacer un retrato avinagrado del mundo de la televisión y sus miserias, como Chabrol ya había hecho en la demoledora "Máscaras".
En un segundo plano encontramos la turbia relación del casi "psicótico" Benoît Magimel con una madre rígida y dominante. Hitchcock siempre está ahí, como a este respecto lo estaba en "Pollo al vinagre" (memorable aquella Stéphane Audran como Sra. Bates francesa).
El repentino giro criminal nos evoca a “La ceremonia”, a cuya contundencia no llega empero esta pieza estilosa, de una colorida limpieza bajo cuya superficie se oculta un fondo podrido, falso, infecto (lo que recuerda al contraste entre lo colorista de la forma y lo negruzco del fondo que presidía "La década prodigiosa").
¿La peculiaridad de este título? Retomando el símil con "La ceremonia", donde se hablaba de la lucha de clases, aquí se habla de la lucha de subclases dentro de una misma clase. Es decir, la rivalidad entre distintos tipos de burguesía: la del niño de papá encarnado por Benoît Magimel, y la del escritor encarnado por François Berléand; la burguesía más convencional que envidia a la burguesía más bohemia, ya que ésta cuenta con el prestigio dado por su dedicación al arte. Y no hay cosa más lacerante que sentirte desclasado dentro de tu propia clase como le ocurre a Magimel… también es interesante en cuanto a este personaje cómo los celos y las posesividades son cosas que en un principio dices “bah, me da igual tu pasado”, pero rápidamente te van corroyendo a pesar de ese artificial pasotismo inicial (en realidad autoengaño para mostrar buena cara y así conseguir a esa persona que crees que amas, y a la que sólo amas por su belleza, su desdén, y sobre todo porque pertenece a quien envidias hasta la rabia).
Ludivine Sagnier es la única con sentimientos verdaderos frente a Berléand, o con sentimientos no podridos frente a Magimel. Pero incluso la pureza de Sagnier termina emponzoñada, a causa de la óptica hostil y misántropa de quienes la juzgan. No queda lugar para lo compasivo y lo amable.
Si te gusta Chabrol te gustará esta peli. Si no te gusta, evítala porque te puede aburrir: como de costumbre, el director se toma su tiempo en la descripción de los personajes antes de pasar a la "acción". A mí sí me gusta esa calmada dilación, y la paladeo con el placer de los buenos vinos: sé que tarda en "subir", pero subirá. Y el subidón será placentero.
Eumelo 
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