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El terror en estado puro
El planteamiento de la película como supuesto documental filmado no es novedoso, existen precedentes, tampoco lo es el que una obra de terror tenga como protagonistas a jóvenes despreocupados, aquí ya hay multitud de referentes previos. Sin embargo, lo que no es habitual es el tratamiento del tema y la habilidad con que está realizada.
En las secuencias iniciales los protagonistas nos introducen en el tema del proyecto, la posible existencia de la bruja y realizan entrevistas a los habitantes de la zona, que se muestran contradictorios, pero no es hasta la llegada al bosque cuando la película arranca verdaderamente.
En todo momento nuestro punto de vista es el de las cámaras de los chicos, vemos lo que ellos ven y éste es uno de los grandes aciertos, su miedo se hace nuestro y somos como un personaje más en la pesadilla, además, otro dato destacable es el nulo artificio pues ni siquiera hay música, el elemento siempre fundamental en el cine de terror.
La atmósfera que se crea es cada vez más aterradora, fundamentada en el miedo a lo desconocido, a algo que no se ve pero que se intuye que está ahí y en cualquier momento puede aparecer.
Cuando las cámaras se adentran en la casa abandonada es difícil evitar sentir escalofríos.
Ennis 
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