Ni de la pantalla, ni del problema que se plantea en este film. Naturalmente, es un problema que se ha expuesto previamente. Puede que en otras ocasiones también nos sacudiese y puede que también nos impulsara a revisar nuestro decálogo de valores. Sin embargo, en esta ocasión, se entretejen con magnífica precisión dos de los motores que mueven el mundo en direcciones contrapuestas: el amor y los intereses económicos. Parece que hoy en día, en un mundo cada vez más deshumanizado, todas nuestras decisiones se diluyen en cuestiones monetarias. Pero si movemos el objetivo de nuestra cámara y enfocamos las pequeñas historias indivuales que componen las grandes historias, descubrimos que, mucho más de lo que creemos (y a menudo de lo que deseamos), los sentimientos nos mueven a actuar e incluso a pensar de manera distinta a la que habíamos previsto.
spoiler:
"Pero a ella podemos ayudarla": cuando Ralph Fiennes intenta salvar a la niña africana, repite la misma frase que había dicho su esposa al salir del hospital. No se trata de cambiar el mundo, se trata de hacer pequeños gestos que cambien nuestro entorno y crear un redentor efecto mariposa o una interminable cadena de favores (valgan las referencias cinematográficas). En ese momento, Justin culmina su proceso de transformación y se convierte en Tessa. Una fuerza invisible que está siempre ausente y a la vez siempre presente a lo largo del film.
Bellísimas las escenas íntimas entre los protagonistas, cargadas de una elegante sensualidad.
No apartes la mirada...