Los micros están apagados. La cámara espera. Hay tensión. Cinco, cuatro…
CH: ¿Esa gorra roja que lleva es prestada?
Tres…
RH: Sí.
Dos…
CH: Queda algo barriobajera ¿no?
Uno…
RH: ¿Cómo?... No creo.
Dentro
CH: Antes que nada y sabiendo que invierto el orden, me veo en la obligación de preguntar algo que todos los filmaffiniteros se estarán preguntando. ¿Por qué no quemó la película de “El Grinch”?
R. H: Bueno, verá. La política del estudio ya estaba antes de que llegara yo. El hacer dinero, el dar al público productos palomiteros con la única pretensión de hacer caja y llevarme premios. Entretener sin buscar calentar cabezas.
CH: Disculpe Sr. Howard, ¿me está Ud. diciendo que “El Grinch” es un producto de entretenimiento?
RH: 1, 3.755.609 de euros dicen que sí. Recuerde Sr. Chago, lo bonita que quedó Willow.
CH: Durante toda su carrera, Ud. ha abusado del público, le ha lanzada masivamente bombas estruendosas pero completamente vacías. Sus errores e inaptitud siempre han sido cubiertos por una abusiva publicidad y manos amigas. ¿Continuará por muchos años esta política?
RH: Creo que no recuerda que mi calidad está fuera de duda cuando en el año 2001 gané con “A Beautiful mind” los Oscars más importantes. Y hace menos tiempo, en una cena, el presidente Spielberg, sentado a mi lado, me comentaba lo bien que se lo había pasado con los marcianitos de “Cocoon.” Manifestó en más de una ocasión su admiración.
CH: Su admiración por el plagio encubierto querrá decir…
RH: ¡¡¡ahhh!!! Que gran anécdota la que ocurrió cuando en un viaje promocional a China, resulta que…
CH: Señor Howard, mejor será que me hable de su último trabajo porque si no, no me van a validar esta entrevista y tendré que pagarla de mi bolsillo.
RH: Piense Sr. Chago, que en el mundo del cine todo está relacionado. Para entender un postrero trabajo debería observar lo que vino detrás.
CH: Si es así no entro ni a la sala, fíjese Ud. lo que le digo. Es más, ¿qué le hizo cambiar de registro?
RH: El propio mercado ya avisa cuando debes crear algo diferente. El público se satura y siempre hay que cambiar para que te tomen en serio. De todas formas, no se preocupe que el año que viene ya estoy de vuelta con mis “Ángeles y demonios.”
CH. Mire, otra película que podía quemar… la de Amelie, digo. ¿Conocía esa habilidad de Frank Langella para mutarse?
RH: Conmigo los actores consiguen grandísimas interpretaciones. Una vez más, he provocado este milagro.
CH: ¡Qué humilde es Ud.! Tengo que reconocer en el poder de Langella en pantalla es abrumador. Aunque no es el favorito no me extrañaría que se le concedieran la estatuilla. Aunque su precedente (Hopkins) se quedara sin el Oscar, realizando también una soberbia caracterización. ¿Cree que es la candidatura con mayor probabilidad?
RH: Por supuesto que no. Todas tienen un 20% de probabilidades.
spoiler:
CH: ¡Mire que matemático! Aún así, su película, sin pretensiones, no parece que sea la favorita. En otro orden de cosas, a la hora de afrontar este proyecto, ¿Cuánto hay de la obra teatral de Peter Morgan?
RH: Más que la obra teatral, es el pueblo americano el que nos pedía hacer esta película. Se ha escrito mucho sobre el Nixon y sus escándalos pero queríamos hablar sobre su culpabilidad. Sobre el descanso que necesitábamos todos los americanos, sobre los sueños que fuimos perdiendo…
CH: Por favor Sr. Howard, ¿puede dejar esa bandera? Está fuera de plano y parecen los calzones de Springsteen.
RH: ¡Oye chato! Pero ha quedado mona o no ha quedado mona la peli. Piense en los planitos que he sacado, en la facilidad que muestro a la hora de afrontar el guión o en como muevo los tiempos para dar agilidad a pesar del tema. ¡Me ha quedado apañada!
CH: El tiempo y los caracteres se nos acaban Sr. Howard. Muchas gracias por venir y espero que siga por esta línea aunque francamente lo dudo.
RH: God bless America.