"Los Límites del Control" es una nueva experiencia dentro de la filmografía de Jarmusch, no sin dejar de ser fiel a su conocido y marcado estilo. Y sí, es una película pausada, para algunos lenta, con una línea argumental poco marcada y con unos momentos que se repiten periódicamente. Pero todo está hecho con elegancia, con una intención apuntada, con criterio.
Y es que ya lo avisa el propio director: no hay que pensar demasiado, solamente hay que dejarse llevar por las imágenes, tomárselas como un sueño, sin tener que ir en la búsqueda de un significado que nos complazca (y eso no quiere decir que no se puedan sacar conclusiones, que no se puedan interpretar ideas, que no se pueda disfrutar de su tema). Digamos que no es Inland Empire.
Jarmusch nos habla del arte, de la injusticia que sufre (el "control"), de aquellos que lo quieren monopolizar, de aquellos que lo quieren vender (diamantes) y de aquellos que, fieles a una tradición y a una concepción tan genuína en origen como alternativa al tiempo presente luchan por su defensa. Una defensa que deesafía los límites del control.
Fuera de aspectos de trama, cabe resaltar la belleza de muchas de sus imágenes, la genialidad de las apariciones de grandes intérpretes, el gran tributo a la cultura española y la reflexión que Jarmusch hace sobre las posibilidades del arte (y sobretodo del cine, puesto que es su terreno) como poso que queda al acabar de asistir a este filme.
Se agradece que un director con tanta reputación siga siendo constante a un estilo, a una manera de entender al cine, respetándose a él mismo y a su público. Y ese es Jim Jarmusch.
spoiler:
Aquí expondré mi interpertación personal de esta película.
El protagonista,interpretado por Bankolé, es un boxeador que se enfunda un traje y viaja a la ayuda de los artistas que desafían al poder, al control. Para entablar contacto con ellos, pide dos cafés, así es reconocido por aquellos que requieren de sus servicios (tuve la suerte de que el mismo Jarmuusch me resolviese esta duda en persona, el por qué pide siempre dos cafés). Cada personaje (todos artistas poco comunes y misteriosos) entrega a Bankolé un papelito que contiene una serie de números. Estos números son códigos que, al ingerirlos, producen "imaginación". Y es que para derrotar al control, Bankolé necesita de la inspiración del arte (de ahí sus constantes visitas al Museo Reina Sofia) y de la imaginación, como le confiesa a Bill Murray, representante del Control. Y la única tentación que tiene es la mujer desnuda, la mujer que quiere diamantes, el arte vendido al dinero. Y esta tentación le persigue durante todo su viaje.
Puede que no sea la interpretación correcta, pero también aqui reside la magia de esta película y del cine en general, el significado abierto, las posibilidades ilimitadas, el ejercicio personal a una misma obra con resultados tan dispares como poenciamente correctos.