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Por todos mis compañeros y por mí primero (aka El Delator)
El justiciero es una poco conocida pero interesante película del gran Elia Kazan, perteneciente a su primera etapa cinematográfica y a su etapa política "Queridos camaradas" (después vendría la de "Queridos camaradas os voy a denunciar").
Y es que Kazan fue un tipo peculiar. De origen griego pero nacido en Turquía (lo siento, pero nunca me fiaría de un tipo con este origen), estudiante en Yale durante los años de la depresión, miembro del Group Theatre y co-fundador del mítico Actor's Studio, capaz de montarse una soberbia película para justificar el haber delatado a sus antiguos compañeros políticos (como os podéis fiar de un greco-turco, inocentones) o de expiar "sus pecados comunistas" dirigiendo un panfleto (con algún que otro interés, todo hay que decirlo) sin el menor cargo de conciencia pero con la adorable Gloria Grahame... Pero sobre todas las cosas, Kazan será recordado por ser un gran director de teatro y, sobre todo, de Cine. Y por ser un Delator, claro está.
Aquí nos narra, en un tono semidocumental (a lo que ayuda la figura del narrador, ¡con la voz que doblaba a Cousteau en español!) cómo un anciano sacerdote es asesinado en Connetticut y la posterior investigación y juicio del principal sospechoso. Y al bueno de Kazan le sale la "vena comunista", y pasa de lo que podía haber sido el cine negro a cine de denuncia social: críticas a los métodos policiales, terror porque cualquiera puede ser sospechoso (referencia clara a la persecución de activista de izquierda), denuncia de los políticos y de parte de la justicia, desconfianza de los jurados populares... en fin, el dedito en la llaga. Ay, Elia, Elia, que está comenzando la Guerra Fría, cómo se te ocurre en ese tiempo y en ese país. Pero si eres bueno y te chivas podrás seguir haciendo (magníficas) películas: si te hubiera ocurrido en Moscú te irías a rodar un documental a Siberia (sin cámara, por supuesto), en el mejor de los casos.
La película tiene su momento culminante (que ocupa buena parte del metraje) en el juicio contra el sospechoso. El fiscal del Estado (Andrews) se lía la manta a la cabeza y ejerce en realidad como abogado sin someterse a presiones. No se lo puede creer nadie, desde luego: pero mola.
Destaca la interpretación, comedida e inexpresiva como siempre, del gran Dana, actor de referencia no confesa (ni conocida) de tipos como Stallone. Pero a Dana le queda genial. Junto a él, habituales del director como Lee J. Cobb y Karl Malden (y su napia, desde luego).
Ok Rick 
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