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SEÑALES DE ESPERANZA
Si primero fue el mundo de los fantasmas, y luego el del tebeo, ahora es el de las figuras geométricas aparecidas en los campos de cereales el tema que le sirve a Shyamalan para abordar su tercera obra cuasiperfecta. De nuevo, un guión milimétrico y una magistral dirección de actores (un magnífico y sutil Mel Gibson, y un contenido y prometedor Joaquin Phoenix), en la que se permite un importante cameo, ayudan a remarcar su personal estilo, a la vez clásico y nuevo, esta vez acompañado por la valiosa fotografía de Tak Fujimoto y la estremecedora música de James Newton Howard.
Tenemos pues, ante nosotros, una pequeña guerra de los mundos, inspirada en películas como La invasión de los ladrones de cuerpos, Los pájaros o La noche de los muertos vivientes, y con ecos revisionistas del género que recuerdan a James Whale, Tod Browning y Fritz Lang. Pero además, asistimos a una historia sobre la fe y la espiritualidad, llena de suspense, sentido y emoción, que contiene un mensaje universal (se puede cambiar el mundo empezando por uno mismo; la familia es nuestro mejor curandero), y cuyos protagonistas son gente corriente que muestra su espíritu de lucha e instinto de supervivencia, tanto individualmente como en grupo, ante un hecho sobrenatural. Shyamalan parece contar siempre las mismas historias, pero lo hace de una forma distinta, sorprendente y atractiva cada vez. Se nota que previsualiza meticulosamente la trama (atención a los encuadres) antes de empezar a rodar y que en tiende a la perfección el lenguaje cinematográfico. Tal vez el uso del flash-back pueda desconcertar en la parte final de Señales, pero nos damos cuenta al salir de la sala que es necesario y lógico para contextualizar a los personajes.
En definitiva, una obra en la que su creador se ha acercado más que nunca a su maestro Hitchcock, que no deben relataros lo más mínimo, pues es un cine que se infla como un globo a medida que transcurren los planos, alcanzando cotas de divina maestría en esas largas tomas de longitud secuencial. Un cine nacido de nuestro tiempo, que revienta taquillas y transmite esperanza. Por eso, un cine que hay que mimar.
La Maga 
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