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…Iré a descansar con la cabeza entre dos palabras en el Valle de los avasallados (crítica definitiva)
Es Leolo, el niño que fue Lauzon, y que leería por primera vez “el valle de los avasallados” (L'Avalée des avalés, de Rejean Ducharme). Y es “ El domador de versos”, como no, el propio Rejean Ducharme. En la vida real, Ducharme huyó de los oropeles del éxito con su primera novela, la citada, allá por los años 60. Se rumorea que deambula a día de hoy por los suburbios de Montreal, buscando escritos de personas anónimas por los cubos de basura. Las comparaciones con J.D.Salinger son obligadas; y a propósito de esto, muchos dijeron que la adaptación de “el guardián entre el centeno” era imposible, pues si filmaban las aventuras del joven Coulfield, nunca te transmitirían lo mismo que el libro. Se equivocaron, Lauzon lo hizo con “el valle de los avasallados” y con “el guardián entre el centeno”. Al parecer el truco estaba en recordar (evocar) tú propia infancia, tus propios sueños, tus miedos y proyectarlos en la novela.
Estos tres rebeldes, estos locos que volaron alto, muy alto; y que derritieron la cera que fijaba las plumas de sus alas; se saltaron “la regla secreta del gran escritor (o cineasta)” ( esa que dice que la mejor historia que puedas hacer, la de tus sueños y tus miedos, no debes hacerla nunca). Lauzon voló demasiado alto (trágicamente, también en la vida real), pero por ello, pretendió. Fue pretencioso, a sabiendas de que haría “ LA MEJOR PELICULA DE LA HISTORIA”,vendió su alma, abrió “la caja de Pandora”, mató “la gallina de los huevos de oro”, llámenlo ustedes como quieran; pero lo hizo. Filmó (evocó) un cuento con forma de sueño.
En lo que se refiere a la fotografía de “Leolo”; es maravillosa. Sencillamente hay mucha sensibilidad en ella. Se ha tratado con mimo; y cada parte tiene su justa iluminación, encuadre y tratamiento del color. Leo Lauzon (mismo apellido que el director, Lauzon) es un niño canadiense que quiere ser italiano; y al igual que él, “Leolo” es una película canadiense que quiere ser italiana (evocar a Italia); hecha en cineccita; hecha por Fellini. Por ello, Lauzon cambia constantemente la paleta de colores “mediterráneos” por otra de latitudes más frías. Por último en lo que concierne a la fotografía, y aquí me tengo que maldecir por no haberla visto en el cine, no sé si ese granulado tan especial es propio de una decisión de Lauzon o consecuencia de editar tan tarde una película en DVD, pero el caso es que hasta ese granulado le sienta al film de maravilla.
(Continúa en spoiler). Tranquilos, es un spoiler inofensivo (los incómodos 3000 caracteres).
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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spoiler: La elección de la banda sonora huele a nostalgia, nostalgia de canciones que, para bien o para mal, significaron algo en la vida de Lauzon. Quizás este apartado es en donde Lauzon se muestra más descaradamente como el autor. Canciones de Tom Waits, de Rolling Stones, son del gusto de “enfants terribles” que van en motos Harley buscando el sur, como se definiría el mismo director en una entrevista. Pero también hay música para el cuento. Y ya lo dije en mi primera crítica: el comienzo y final con el tema de “the lady of Shalott” de lorenna mckennit son unas portadas con ilustraciones de pintores prerraelistas que, lejos de desmerecer, reivindican (evocan, joder, evocan, la mejor palabra para hablar de “Leolo” es evocar) la naturaleza de cuento que tiene el film.
Y ahora me toca pretender a mí. Mi pretensión trata de que otros usuarios que sigo, que admiro, vean esta película. Y que me comenten, a gritos, desde una colina, y advirtiéndome de que me estoy acercando demasiado al sol, que se apuntan a volar un ratito conmigo.
Winnipeg 
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