|
Con el Che sobran explicaciones.
Leo críticas muy razonables que hablan de una película fría, desapasionada o distante. Que denuncian que no hay una explicación previa del personaje, que apenas sabemos nada de su vida personal, que se habla mucho de su determinación pero poco de sus sentimientos... Todo esto es verdad, sí, pero sólo a medias. Un espectador europeo medio ya sabe de sobra quién era el Che, qué perseguía. Además, no hace mucho que la estupenda DIARIOS DE MOTOCICLETA nos contó el despertar revolucionario de Ernesto Guevara. Las dos películas de Soderbergh, según propias declaraciones del autor, están pensadas básicamente para el público norteamericano, ése que quizá sea gobernado en breve por un fulano (McCain) que le preguntan por España y dice que él con México se lleva a partir un piñón. ¿Qué le interesa a un yanki del Che? ¿Su perorata marxista? ¿Sus líos de faldas? No. Ellos, y también nosotros, queremos saber sobre todo esto que nos cuenta Soderbergh: la lucha, la guerra, la revolución, eso que distinguió a Ernesto Guevara de casi todos los demás. Eso: el grano, la harina, el cogollo. A mí no me parece mal.
¿Tratamiento distante de la figura del Che? Ya se nota de sobra que Soderbergh (y el 80% de los espectadores) está con su personaje, que destila simpatía por él. No puede ir más allá sin caer en el panfleto, en la mitificación. No le volverían a dejar entrar en los USA, además de malograr esta (¡sí, sí, sí!) excelente película.
LeonNewman 
|