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Un final 'made in hollywood'
Estamos ante un interesante filme belga rodado en lengua flamenca, que traslada a la gran pantalla un tema candente como el de la violencia escolar o el llamado 'bullying'. El protagonista de la cinta (al que da vida con estremecedora veracidad Greg Timmersmans) sufre el perpetuo acoso de varios de sus compañeros de instituto, que llegan al extremo de desnudarlo ante toda una clase, grabando el esperpento con su teléfono móvil para propagarlo después a través de internet.
La peripecia de este personaje de frágil estado mental, que se refugia de una angustiosa situación escolar en su afición por los videojuegos, está relatada con más rabia que compasión, con más indignación que sensiblería. Y para ello el director echa mano de una estructura de falso documental, un abuso del plano corto, el inserto de recuerdos en forma de 'flashes' y un montaje sincopado que recuerdan un tanto al Aronofsky de 'Requiem por un sueño'. Y aunque la narración eche mano de recursos artificiosos, estos contribuyen a crear una sensación de desgarro y angustia en un espectador que no encuentra respiro ante el implacable ritmo del filme.
Pero cuando la historia se acerca al desenlace y la artificiosidad se apodera también del guión, la cinta, que hasta entonces inquietaba por su incómodo realismo, echa por tierra esa cercanía privilegiando el impacto y la sorpresa sobre la verosimilitud, en un innecesario intento de 'rizar el rizo' que viene en forma de improbable giro argumental y resta méritos a una estimable pero irregular película.
monigote 
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