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Rollito romano
Esta especie de publi-reportaje quiere retratar el alma de Roma, esto es, la vida cotidiana de los romanos, la intrahistoria, bla, bla, bla. El caso es que muestra una Roma sin turistas y sin curas, esto es, una Roma bastante irreal y falsa (empezando por los trayectos de los autobuses urbanos, que Scola no debe utilizar mucho porque hacen recorridos absurdos, aún aceptando que la sufrida conductora de jornada laboral inacabable cambie de línea cada dos por tres...). El caso es que Scola describe una Roma más bien enrollada, tolerante, multirracial, y lo hace con una ristra de historietas a cual más sosa, enlazadas unas con otras como choricitos de jabugo.
La película no se sostiene ni como ficción ni muchísimo menos como documento de la Roma actual: cualquiera que conozca mínimamente la ciudad se dará cuenta de que es un retrato bastante retocado (y encima, para mal).
Lo mejor de la película es, sin duda, el trailer. Si uno lo ha visto, se puede ahorrar todo lo demás.
Macarrones
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