|
En busca del picahielos perdido...
Qué triste me ha parecido esta secuela de la excelente Instinto Básico. Qué triste que la estupenda Sharon Stone no siguiera por el camino empezado con Casino o Flores rotas, un camino hacia la madurez como actríz dramática, asimilando que ya tiene casi 50 tacos, y los aparenta. Qué triste es contemplar sus pechos siliconados al desnudo, su rostro estirado y maquillado, casi inexpresivo. Qué triste su compañero de reparto, un David Morrissey soso, con mejor culo que Michael Douglas, pero infinitamente menos carismático, eclipsado en cada escena por la diva rubia. Qué triste lo descafeinado de las escenas de sexo, pocas, fugaces y con poca carne a la vista. La película de Paul Verhoeven era mucho más audaz, caliente e inteligente. Qué triste la trama, supuestamente enrevesada, con final supuestamente sorpresivo y diálogos pretendidamente ingeniosos. Qué triste que la gran Charlotte Rampling, espléndida y bella en su madurez, se preste a intervenir en productos como el que nos ocupa. La pregunta es: ¿Tiene algo salvable esta segunda entrega de las aventuras erótico-criminales de Catherine Tramell?...la respuesta es que tiene una fotografía elegante, se conserva la estupenda partitura musical principal de la primera parte y, aburrir, aburre, pero no hasta el extremo de mirar el reloj cada 5 minutos.
JOSELP 
|