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Dedíquese al parchís, señor Loach
Y debería dedicarse al parchís, porque así, como mínimo, cambiaría de estratagema en sus films, pues después de haber visto Sólo un beso, la gran Hidden agenda y este, uno de sus primeros largometrajes, observo atónito como este señor siempre obra del mismo modo:
a) Me introduzco en una situación pretendidamente cotidiana, le doy unos tintes coloquiales para que resulte honesta la propuesta, ofrezco un contexto de denuncia social en el cual la gente se pueda ver inmiscuida, añado una historia de amor de trasfondo que, aunque esté desarrollada de modo paupérrimo y desaproveche múltiples de las facetas que podrían ser objeto de debate, quede bonita y bien adornada, con sus riñas y todo, oye...
b) Comienza el proceso más fácil, llamémosle "etapa Loach": Aquí toca llevar unos cuantos momentos al extremismo más puro y duro, hacer que algunas de las secuencias que se originan, vengan dadas por instantes irrisorios, de auténtico bochorno y, en último lugar, añadir a los diálogos fingidamente comunes, algunos alicientes más para no olvidar en ningún momento la comida de tarro que debemos estar infringiendo sobre el misericordioso espectador. Ahora sí, ya está, tenemos el lío montado, aunque todo se estime tan artificial como un reality show donde suelten a los mellizos Matamoros en una isla para convivir juntitos, y se termine pidiendo la hora, observando revistas o realizando cualquier otro enser antes de tiempo.
c) Toca rematar la faena, ya se huele la tragedia desde la lejanía, desde kilometros a la redonda. Ahora todo se tornará contundente y agrio, cualquier secuencia que se precie, será llevada al límite, para que el espectador comprenda cuan malos son los ejes contra los que dispara en esta ocasión sir. Loach y llegue a entender porque dichos ejes deben ser objeto de crítica, aunque las sobrecargadas ínfulas del realizador inglés no dejen ver más allá de su prisma, dando el tema para mucho más.
En definitiva, otro intento de este tipo por resultar ácido y quedarse en casi paródico, porque aunque el tema mereciese ser tratado, el respeto que se vierte en él es ínfimo, tanto como los recursos utilizados para llevar a buen término esta especie de refrito televisivo con hedor a telefilm.
Por cierto, amigo Ken, magnífico final el de esta cinta. Mola cuando arde el diálogo.
Espero que la próxima sea mejor..
Grandine 
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