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La política del 'ojo por ojo, diente por diente'
El terror, ya sea suspense o casquería pura y dura, me encanta. Disfruto como un enano con las cintas ultraviolentas del nuevo cine francés, Tarantino o barbaridades sólo presentes en la red como Eden Lake. Todo esto era un excusa para decir que I spit on your grave (o sea, chica en un lugar desconocido que es atacada por unos extraños de los que posteriormente se venga) tenía todos los ingredientes para gustarme. Desgraciadamente no ha sido así. Y no porque la historia sea obvia, una más de acecho y derribo sádico. I spit on your grave no sabe crear la intensidad de los títulos que imita. Durante una hora y media esperamos a que la historia 'vaya al grano', y realmente cuando entra en materia resulta revelarse como el recital de pringue rojo que queríamos. Pero por el camino hemos dejado la construcción de personajes, el uso de la cámara y los efectos especiales para crear un clímax, una atmófera.
Películas como I spit on your grave, pese a mi amor por todo lo malsano, aunque me divierta la política del ojo por ojo, no dejan de ser fast food de gusto alterado y fácil digestión, una atracción de feria en la que la adrenalina sólo se activa durante los dos minutos que el tren de la bruja está en marcha. Así que aunque después de verla me sienta saciado, debo darme cuenta y criticar la mala calidad del menú. Algo ocurre cuando I spit on your grave, antes de que el maltrato resulte irónico, me causa risa cuando no debería: resigo los pasos de la joven protagonista sabiendo lo que le ocurrirá a continuación, y me mofo al ver que todo sucede según lo previsto. Si no tienen sensibilidad (o mejor dicho, resistencia estomacal) hacia los títulos de terror gore, ni se acerquen. Si les va la marcha, puede que pasen el rato (así, ni 'bueno' ni 'malo'), pero muy conscientes de estar lejos del cine en mayúsculas, incluso del buen cine de terror.
Xavier Vidal, Cinoscar & Rarities, http://cachecine.blogspot.com
Xavier Vidal 
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