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Venganzas cruzadas
Segunda parte de la trilogía del director sobre la venganza. Nominada a la Palma de Oro, obtuvo el Premio del Jurado de Cannes, el premio a la mejor película y de la crítica de Sitges y otros.
La acción tiene lugar entre 1988 y 2003 en Seúl. En flashback se recuerdan incidencias del curso 1978/79. Narra la historia de Oh Dae-su (Choi Min-sik), un hombre normal, felizmente casado y padre de una hija de 3 años, que es secuestrado misteriosamente y recluído en un pequeño apartamento durante 15 años, con un televisor como única vía de comunicación con el exterior. Liberado bajo los efectos de la hipnosis, inicia una carrera contrarreloj (dispone sólo de 5 días) para descubrir, a vida o muerte, las causas de su encierro, las de su liberación y la identidad del raptor. La obra constituye una epopeya de la venganza, que suma elementos de tragedia griega, drama clásico a la manera de Shakespeare y drama romántico al estilo de "El conde de Montecristo", de Dumas. La narración se centra en la descripción de los mecanismos de la venganza, las represalias, las venganzas cruzadas y la contravenganza. Muestra cómo la frialdad de una venganza descomunal y demoledora, como la que sufre Dae-su, se basa en hechos subjetivamente sobrevalorados por el vengador y asumidos de modo parcial y sesgado en el marco de una psicología compulsiva, obsesiva y paranoica. Los deseos de contravenganza de la víctima se basan, por el contrario, en una reacción natural de autodefensa, de la que emerge la necesidad de desplegar toda la energía necesaria para protegerse del verdugo. La venganza de la víctima puede ser espantosa, pero no es ciega: contiene siempre algún elemento de control que puede convertirla en súplica de perdón y oferta de sumisión. El autor realiza un retrato brillante y estremecedor del odio y la venganza, pero se desmarca de la racionalidad griega, la coherencia clásica y la consistencia romántica, al hacer uso del hipnotismo como pretexto fácil para orientar el relato, marrulleramente, a su capricho. Es inolvidable la escena de la comida del pulpo vivo, plato de la cocina coreana, y la salpicadura de sangre en el ojo de Lee Woo-jin.
La música de porte orquestal clásico y romántico, enriquecido con mezclas y fusiones electrónicas vistosas, contiene una melodía central reiterativa, facilona, mediocre y pegadiza, que al ritmo de vals refuerza la narración visual. La fotografía muestra ambientes escasamente iluminados, sombríos y trágicos. El guión, escrito con soltura, crea escenas de gran dramatismo y puntea la acción con detalles de humor negro, que en ocasiones cae en el desasosiego. La interpretación del protagonista es soberbia y la de Gang Hye-jung (Mido), encantadora y excelente. La dirección consigue construir una tragedia de gran nivel, que conmueve al espectador, pero que se excede en el uso de elementos sobrenaturales.
Película emocionante, entretenida y multipremiada, obra de un autor novel con aptitudes para llegar lejos, sin trampas.
Miquel 
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