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Mejora con los años
21 años después, con todos los Códigos da Vinci y demás sucedáneos delirantes que han caído, El nombre de la rosa conserva intacto todo ese aire veraz, supersticioso y podrido del mundo medieval. Casi todo funciona en esta película (la ambientación, la trama detectivesca, la denuncia de los males de la iglesia...), todo, excepto el papel de Murray Abraham, que aparece del mismo modo abrupto que desaparece sin otro objetivo que ser muy pero que muy malo. Sobraba.
Connery, de diez. La chiquina que hace tambalear la fe de Adso (¡y la de quién no!), también.
LeonNewman 
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