Esta película supuso un cambio radical en la trayectoria de Woody Allen, después de un montón de comedias y de un drama (Annie Hall) con toques de hilarantes. Como novedades podemos señalar: no hay humor, protagonismo femenino exclusivo (los masculinos son secundarios) y no sale él como actor.
Se trata de un drama psicológico, con influencia clara de Bergman (uno de los grandes maestros de Woody). Una madre desquiciada porque la ha dejado su marido y unas hijas que están frustradas (una por su matrimonio, otra por su profesión, otra porque es incapaz de ser creativa). Existe una competencia insana y una falta de entendimiento brutal entre ellas.
Debe destacarse la hermosa fotografía, la música y (como es habitual en Allen) los excelentes diálogos. No es nada aburrida, todo lo contrario, te transmite un montón de reflexiones acerca de la complejidad de las relaciones humanas (de pareja y materno-paterno filiales).
La puesta en escena también está muy cuidada y la acción se desarrolla, claro, en Nueva York.
Muy recomendable, recordemos las tragedias griegas de antaño, como catarsis espiritual. Los que no hayan visto ninguna película de este director se sorprenderán, y a los que sólo conozcan su faceta de director de comedias igualmente les impresionará.
spoiler:
La escena final de la playa es admirable, por eficaz y por poética.