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Partido de béisbol sin pelota
Joel Schumacher es uno de esos directores que apesta a tufillo comercial, a malas artes, a efectismos, a excesos, a convencionalismos enmascarados, a films "baratos" pero caros, a encefalograma plano, a estupideces, a egocéntrico, a derroche, a desaprovechar, a pedante y moderno. Su filmografía está llena de cintas superficiales y banales, con grandes presupuestos pero no por ello grandes entretenimientos, más bien grandes fracasos, grandes fiascos y enormes chapuzas. Lo peor de todo ello, es su continua entrega a seguir realizando horteradas lamentables que daban para mucho más si la realización no fuera tan plana o tan escasa, porque hay directores sin talento y éste es un de ellos. Pero esta vez, y sorprendentemente hace algo interesante, sobre todo agrandado por el infravalorado Michael Douglas, cuyo trabajo es resaltable, y no sólo eso, está acompañado de un secundario de lujo: Robert Duvall. Y con todo esto aparece "Un día de furia", nada que ver con mediocridades anteriores, ni con películas dirigidas a ganar en taquilla, ni nada por el estilo. Y aunque cae en algunos excesos, y la violencia en ocasiones sobrepasa los límites, Schumacher, quien lo iba a decir, consigue un digno film, donde un hombre alterado por las circunstancias emprenderá un viaje por la ciudad de Los Ángeles para llegar al cumpleaños de su hija.
También cabe destacar y como no, bueno destacar no sería la palabra correcta sino señalar de nuevo, la poca firmeza que demuestra Joel Schumacher y sus continuas exaltaciones, planos inútiles y piruetas desastrosas que le avecinan más batacazos en su extensa, que no buena, filmografía.
Ahora sí, cabe destacar entre sus cintas "Tigerland" y "Asesinato en 8mm", que decir de que se las podía haber sacado más jugo.
Dromedario 
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