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Crítica de reporter a Viaje a Darjeeling
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| 3 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
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reporter
Barcelona (España)
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Su valoración:  |
15 de Enero de 2008 |
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Viaje a Wes Anderson
El mayor regalo que hizo la cultura pop al mundo fue una caja sin nada en su interior. Eso sí, tanto la caja como el envoltorio eran francamente preciosos. Wes Anderson es con toda seguridad el más claro exponente en el cine de esta cultura, y ‘Viaje a Darjeeling’ es una confirmación de ello. No importa cuantas veces proclamen los protagonistas que están en un viaje espiritual, por qué en verdad apuesto a que ninguno de ellos sabe lo que significa esta palabra. En realidad no son más que tres niños ricos pasándoselo bomba en la India. No van a rezar para hallar la paz, sino que lo hacen para cuando luego vuelvan a sus casa, contar a sus amigos -si es que los tienen- que fueron a rezar al templo “más guay” del lejano oriente. Lo mejor de ello es que Anderson lo sabe. Y lo sabe porqué en parte él es igual a sus protagonistas, lo que convierte lo banal del conjunto en sí, en quizás el mejor gag -y la verdadera intención- de la película.
El arranque es simplemente inmejorable. A parte de ser un cameo delicioso, es una declaración de intenciones por parte del autor y a la vez una lección magistral de cómo condensar en dos minutos todo su talento. Suena “This Time Tomorrow”, y Adrien Brody deja atrás a un exhausto Bill Murray en la carrera para coger el tren que se está yendo. Es uno de los muchos momentos vacíos de la película, pero también es aquí donde se ponen los pelos de punta al ver la elegancia y el cariño con el que se han colocado todos los elementos en la secuencia. Otra escena reveladora es la del ansiado reencuentro con la madre. El experimento silencioso es ideal para que Anderson vuelva a inundarnos con su arte: ahora es el turno de “Play with fire”, mientras, recordamos todas las aventuras y personajes que nos acompañado a lo largo del exótico viaje. No hay más que ver la cara de los hermanos para comprobar el aparente sinsentido de la situación, aunque al mismo tiempo es inevitable no dejarse llevar por esta orgía “cool”.
Como va siendo habitual en su carrera, el director de Houston imprime un personalísimo toque en su creación. No puede faltar el aire retro, colorista y aparentemente naïf, ni tampoco alguna que otra decisión arriesgadamente genial (como el cortometraje ‘Hotel Chevalier’, que al fin y al cabo no es más que una pieza complementaria del rompecabezas). Aunque quizás el mayor distintivo de Anderson es el de saber combinar como nadie lo hace sensaciones totalmente opuestas: sus películas están llenas de vida, aunque el fantasma de la muerte planee siempre por encima ; el toque cómico inocentón no oculta el irreparable drama de la descomposición del núcleo familiar ; la capacidad para reírse de sus personajes -lo que viene a ser reírse de él mismo- deja entrever al mismo tiempo cierto cariño hacia ellos… Así es Wes Anderson. Y así es Darjeeling, una excusa perfecta para viajar al inagotable mundo interior de su creador.
reporter 
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