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Shyamalan? Spielberg? No, Darabont.
Grande, muy grande es lo que ha hecho Darabont, otra vez. El listón estaba demasiado alto, las expectativas eran máximas y las posibilidades de la historia no daban para mucho. Viendo esto se podía prever una gran desilusión, pero Darabont se ha encargado de que no sea así.
Demasiados directores vienen a la cabeza al ver esta película. Spielberg, Carpenter, Shyamalan... Pero no señores, es Frank Darabont, un director que aúna cualidades de muchos, y es posible que eso es lo que ha hecho tan grande a esta película.
La película empieza de manera algo floja, o eso parece en un primer momento. Lo cierto es que con solo unas pinceladas los personajes quedan perfectamente definidos, con sus cosas buenas y sus cosas malas. No hace falta presentarlos, no hacen falta grandes diálogos en los que cuenten media vida para que te des cuenta que son personajes perfectamente hechos, complejos y alejados de los estereotipos tan manidos en este tipo de películas.
Los actores, tan discutidos, hacen un papel más que digno. Mención especial a Thomas Jane, un actor bastante limitado que se echa la película a sus espaldas y consigue sorprendernos a todos con una actuación muy buena.
Sin desmerecer por supuesto al papelón que se marca Marcia Gay Harden, nunca odié tanto a un personaje.
El desarrollo de la película es magistral. Darabont consigue imprimir un ritmo rápido en una película en la que apenas ocurren cosas, en gran parte por ese fenomenal guión que ha creado. (Hola George Lucas).
Cuando da la impresión de que la película ha dado todo lo que podía dar, el director da un giro de 180º para centrarse en algo totalmente diferente, la psicología humana. Y si cabe, es aun más terrorífico.
Así, la película nos va llevando hasta ese final tan enorme. Sin querer dar pistas, tan anti-Hollywood que asusta, deprime y consigue mantenerte en la butaca durante los créditos, preguntándote por qué, por qué lo hizo.
En definitiva, una obra maestra del cine de terror, que tan de capa caída anda. Revive el género y consigue convertirse desde ya en un "imprescindible".
bartoX 
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