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Sátira descabellada de un Allen atípico
Si alguien viese alguno de los primeros films del bajito neoyorkino, pero sin este asumiendo la batuta en cuanto a interpretación se refiere, es posible que no los identificaran rápidamente: Ni aspavientos continuos, ni tartamudeo insistente, ni chistes sobre judíos, ni ese tipo de cosas que Allen ha ido adoptando con el paso de los años y adquiriendo como características propias de su cine.
Aunque aquí si vuelve a sacar su carácter de casanova a flote pero, como dice acertadísimamente en su crítica cassavetes, el Allen de sus inicios es un Allen diferente, distinto, un Allen que busca el experimento y manipula formas narrativas dispares así como intenta abordar temas de lo más variopintos y jugar con todas las facetas que sea posible de su cinta. Así lo demostraba ya en "Toma el dinero y corre", donde la narración se veía sujeta a ese curioso experimento de jugar con el falso documental y la ficción, y así lo volvía a demostrar aquí, donde sujeto a una narración con saltos y más bien poco lineal, nos cuenta la historia de Fielding Mellish, un tipo que dara mil y una vueltas debido a su despreocupada personalidad.
Como ya viene siendo habitual en los films de Allen, aunque aquí en menor grado, su humor se reduce a una comicidad muy peculiar y a unos diálogos que, si bien aquí aun no habían alcanzado todo su auge creativo, servían muy bien al realizador para ir desgranando la historia de "Bananas" que, además de trasladarnos a la vida de Mellish, satirizó sobre las "Repúblicas bananeras", añadiendo elementos paródicos en muchos puntos del film y dejándose llevar en todo momento por su imaginación, desembocando así en un final de lo más sorpresivo e hilariante, que haría de este film de Allen, una auténtica delicia para todos aquellos fans del director y, en especial, para esos curiosos que se acerquen a la filmografía de uno de esos grandes cineastas que se han ido formando año tras año. En pocas palabras: Una recomendable singularidad.
Grandine 
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