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El gran teatro del mundo
Mi gafapasta predilecto rodó en 1979 su primera Obra Maestra. Un hermoso homenaje a su ciudad, Nueva York, que no tan solo lleva impreso su inconfundible estilo, sino que además certifica ese talento innato de Woody para simultanear sus dotes de comediante con una extraordinaria habilidad para contar historias de talante más íntimo, más poético, más trascendental.
Multitud de cineastas le han tomado el pulso a Nueva York, pero muy pocos como Woody han sabido captar y transmitir su mágica aureola. Leone, Scorsese, Allen y pocos más son los verdaderos culpables de mi particular historia de amor con esta ciudad. Una ciudad que, curiosamente, venero sin haberla pisado jamás. Una ciudad que conozco a través de la mirada de unos genios que han sabido destilar inenarrablemente su verdadera dimensión. Sus volúmenes, su bullicio, su música, sus gentes, sus luces y sus sombras. “Manhattan” consigue, de la mano de Allen y Gershwin, ponerme extraordinariamente tontorrón. Entre nostálgico y romanticón. Su exquisita sintonía entre música e imágenes es indescriptible. Basta con ver, oir y callar.
Por lo demás, mi gafapasta predilecto construye su película a partir de tres pilares básicos de su concepción narrativa: los temas recurrentes, el guión y los actores. “Manhattan” es Allen en estado puro: referencias cinéfilas, artísticas, literarias; obsesiones religiosas, metafísicas, sexuales; sarcasmo a diestro y siniestro; parodia constante del ‘modus vivendi’ del urbanita y de sus intrincadas relaciones humanas... Los diálogos merecen capítulo aparte. Lo cierto es que son tan brillantes, agudos y exuberantes que bastarían para proveer sobradamente los libretos de tres o cuatro pelis convencionales. Un auténtico festín. En cuanto a la labor actoral, poco podemos añadir que no se haya dicho de Diane Keaton, actriz fetiche de Allen. Mery Streep y Mariel Hemingway, por su parte, cuentan con intervenciones más bien fugaces, aunque en el caso de la segunda, la nieta de Ernest rentabiliza al cien por cien su trabajo con el oscar de ese año a la mejor actriz de reparto. Su intervención en la secuencia final del film resulta profundamente conmovedora. Memorable.
Taylor 
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