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Las olas se llevaron las ideas
El día de mañana es en esencia un discurso algo panfletario confeccionado, cocinado, o más bien precocinado, para las masas, autoconsciente, moralista y si, profundamente entretenido.
Habitualmente nos llegan a las pantallas duras críticas al sistema político, social, económico... pero pocas veces se ha acertado teniendo el valor de mostrar una de las brechas de nuestra sociedad: el trato a nuestro propio planeta; por lo que, al margen de la manera en que se haga, debemos aplaudir la valentía de El día de mañana sólo por hacerlo, aún a pesar de que sea de una manera extrañamente benevolente y ciertamente conservadora. Pero hay que tener en cuenta que El día de mañana no es una cinta que lleve unos ideales por bandera, sino que su caráter de superproducción la supedita a despachos e ideas a menudo trasnochadas que puedan ser dirigidas a toda la familia y que gusten, para compensar sus inmensos costes; por lo que quién vaya a verla y espere encontrar un filme político que denuncie la situación medioambiental de nuestra sociedad, mejor que vuelva a los 70.
El resto (todo aquel que no se tome la película muy en serio) disfrutará de algunas de las secuencias catastrofistas mejor rodadas y presentadas del celuloide (de hecho a aquellos que nos gusta este género nos llegamos a quedar con hambre de más). Las secuencias de los tornados en Los Angeles, la innundación de Nueva York o el congelamiento del planeta, al margen de unos espléndidos efectos especiales son de un realismo y tensión apabullantes. El resto de la cinta navega entre lo previsible y lo tópico, con incursiones de bellísimas postales de destrucción y un ritmo endiabladamente bueno, sostenido por todas esas escenas y un reparto adecuado a sus papeles, conscientes de que están allí sólo como comparsas de las olas, los hielos, los vientos... pese a que secundarios como Ian Holm o Sela Ward sacan provecho de sus papeles, Dennis Quaid se divierte como superheroe y Jake Gyllenhaal espera que pronto llegue Brokeback. Si se hecha en falta, y esto es un grave problema de guión, un climax final, una escena espectacular, o algo que añadiese algo de tensión a los últimos minutos, que quedan algo pálidos en comparación con el dramatismo del resto de la cinta.
Una película espectacular, sincera, de escenas brillantes y ideas valientes (como las escenas en la biblioteca o el paso de Río Grande).
jaly 
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