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El hombre-mono surfista
Una cinta que atrae por la estética de su técnica tradicional y por el colorido de los escenarios donde se da rienda suelta a la aventura.
Una historia que como cualquier obra de la Disney, acarrea mensajes y moralejas. Esta vez, la idea pasa por el conflicto dramático e interno del personaje principal, quien se ve en la disyuntiva de seguir sus genes humanos o el amor prodigado por la familia de gorilas que lo adoptó.
El filme se basa en la intensidad de la sensible relación de Tarzan y los primates, de ello se desprenden las sensaciones fuertes de pertenecer al clan a pesar de ser distinto en apariencias y se acrecientan aún más cuando entra a jugar la problemática de encontrarse con la verdad de su existencia. Lleva sangre humana pero su corazón está en la selva, lejos de la civilización y de los avances tecnológicos. La brutalidad y el salvajismo lo caracterizan, pero como contrapeso posee mucha nobleza de corazón. Así las experiencias pasarán por el amor por Jane, el conflicto de pertenencia y el fuerte vínculo que lo liga a los simios que lo ayudaron a crecer.
La animación es verdaderamente asombrosa, con mucha fluidez en las escenas de acción (donde los combates de Tarzán y sus paseos por las lianas nos dejan estupefactos por el dinamismo y el realismo en los movimientos). Además, a las imágenes las acompaña una banda sonora tremendamente sinfónica de Mark Mancina, que se complementa con las pegadizas canciones de un Phil Collins realmente inspirado, las cuales le otorgan mucho ritmo y fuerza a la propuesta.
Una pena que los guionistas no hayan podido por allí apartarse del trillado maniqueísmo que casi siempre aparece en las variantes de este tipo de obras.
Betomovies 
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