|
Nunca una misma secuencia dio más juego
Pete Travis debuta como cineasta con este discreto thriller, cuyo argumento gira en torno a un atentado contra el presidente de los Estados Unidos, en una cumbre política en Salamanca. Travis parece tener su referencia cinematográfica en el maestro Brian de Palma, pues intenta dar múltiples soluciones a una misma secuencia (la del atentado), tratándola una y otra vez desde el punto de vista de cada uno de los componentes de su reparto semi-coral, recordando bastante a "Snake Eyes" del mencionado de Palma, aunque nunca llegando a su calidad. Ciertamente estamos ante una película bastante entretenida, de ritmo muy vivo, casi estresante, efectos técnicos que logran una buena factura visual (sobre todo la trepidante y eléctrica persecución poco antes del desenlace) y un reparto atractivo por lo conocido de sus intérpretes: el veterano Dennis Quaid, el magnífico Forest Whitaker (éste sí fue merecedor de un Oscar, no como Bardem por la tomadura de pelo de este año) la gran Sigourney Weaver (en el papel más pequeño de su vida) Matthew Fox de "Perdidos", otro gran veterano como William Hurt y una mínima presencia española con Eduardo Noriega. Aquí llegamos a uno de los grandes problemas del film: la localización. Entiendo perfectamente que hay que invertir un menor presupuesto si el equipo de realización rueda en México en lugar de España, pero durante todo el metraje chirría demasiado que el único dinero que parecen haberse gastado en intentar que parezca que están en Salamanca sea en múltiples banderas españolas, ya que no se han molestado ni siquiera en poner señales de "Stop" (se puede leer un lamentable "Alto"). Por no hablar de los extras, todos mexicanos, a quienes se puede diferenciar no sólo por su físico, sino también por su inconfundible acento. Aunque ojalá éste fuera el único mal de la película: a los diez minutos uno ya tiene claves suficientes para resolver la que, para los guionistas, es la gran sorpresa de la película (al menos yo lo hice) sorpresa que se desvela, evidentemente, con la película muy avanzada, casi al final. Y, desde luego, el final no es nada satisfactorio. Para ser una ópera prima no está mal, ya que Travis apunta maneras, al menos, en todo lo relacionado con el manejo de cámara, así que habrá que estar pendientes de nuevos proyectos, a ver cual es su evolución. Además, consigue amenizar bastante al público, que siempre podrá decir que no se ha aburrido en ningún momento, lo cual, viendo películas como la lamentable, aburridísima e injusta ganadora del Oscar de este año (No es país para viejos), parece que está más infravalorado de lo que debiera.
Edgar 
|