|
La pesadilla que se muerde la cola
Uno de las utilidades más evidentes del género documental es la de dar a conocer o denunciar situaciones de injusticia: utilizar la fuerza de la imagen para concienciar al espectador de algún problema concreto (ya sea pasado, presente o futuro). "La pesadilla de Darwin" es un brutal documento sobre las terribles consecuencias que puede tener la globalización sobre un país del tercer mundo (en este caso, Tanzania). Concretamente, el tema escogido es la introducción de una especie llamada la perca del Nilo, en el lago Victoria, allá por los años 60. Cuarenta años después podemos comprobar como un hecho, en principio tan insignificante, puede llegar a influir tanto en una población.
El director se centra en mostrarnos las vidas de las gentes que allí habitan. Personas que no se ven para nada beneficiadas de las miles y miles de toneladas de perca que cada día salen del lago. Niños que se alimentan de pescado putrefacto, mujeres que no tienen más opción que prostituirse con los pilotos que traen y llevan aviones, hombres trabajando en condiciones paupérrimas....toda esta miseria humana que amenaza con agravarse aun más en el futuro, cuando la perca consiga acabar con todas las especies autóctonas del lago, y desaparezca todo atisbo de vida.
Con un tono sereno, pero contundente; Sauper nos descubre cuales son las lamentables condiciones de vida de toda una población, a la que no le faltan los recursos naturales. Pero aun hay más. A medida que transcurre el metraje, el autor va más allá, y nos propone una nueva interconexión. Además de que unos pocos se hagan ricos con el comercio del pescado, se abre una interrogante que pregunta cuál es el contenido de los aviones que se llevan la perca. Y no se trata precisamente de alimentos mandados por la ONU o medicinas, o cualquier otra cosa...se trata de, como no, armas. En su afán de investigar, Sauper nos deja caer que todo está interrelacionado, y el negocio del pescado no es el único que lucra a unos pocos.
Quizás, el filme adolece de varios puntos muertos, en los que la acción no avanza demasiado, y de los que se podría prescindir. El resto, es una auténtica patada en el estómago para todos los que formamos parte de nuestro confortable estado de bienestar. Lástima que el caso de Tanzania sea una gota en el océano de la explotación a la que se ven sometidas estos países, y lástima que esto tampoco vaya a servir para que las cosas cambien demasiado. Aunque siempre se agradecen que nos despierten la conciencia.
kikujiro 
|