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En Lisboa
Escrita y dirigida por Alain Tanner, se rodó en el puerto y el antiguo barrio marinero de Lisboa. Fue nominada al Oso de oro de Berlín. Ganó el Cesar a la mejor película en lengua francesa y el Fotogramas de plata a la mejor película extranjera.
La acción tiene lugar en Lisboa en el curso del rodaje (1982). Narra la historia de Paul (Bruno Ganz), un marino mercante suizo, que al llegar a Lisboa abandona el barco y se toma unas vacaciones sin planes, sin reloj, sin obligaciones y sin rutinas, salvo la de escribir regularmente a su esposa, que vive en Ginebra (Suiza). Le envía, además, imágenes filmadas de si mismo y de los lugares que visita. Se enamora de Rosa (Teresa Madruga), empleada de la Pensión en la que se aloja, con la que mantiene un idilio sin compromisos, sin explicaciones y, por ello, difícil para ella. La película describe la fascinación que Paul siente por el puerto, la desembocadura del Tajo, los puentes que la cruzan, las calles de la vieja ciudad, su gente modesta y amable. Aquí encuentra el marco adecuado para recuperarse anímica y físicamente, tras una vida de agitación, soledades clamorosas, escenarios tediosos y un espacio vital propio (su camarote) reducido y claustrofóbico. En Lisboa encuentra compañía, amistad, belleza natural, calor humano, amor y algunas dificultades, en las justas proporciones que precisa para impregnarse de belleza, empaparse de humanidad y renacer a la vida. No quiere compromisos ni con el tiempo ni con las personas. No quiere recordar el pasado, fuente de obligaciones, apremios y exigencias. Desea permanecer sin calendario, respirando los aires de Lisboa, la ciudad blanca y pura. Desea detener el tiempo, abrir un paréntesis vital, en el que los relojes dejen de acortar con furia la vida, la alegría, el gozo, el amor. Es emblemática la escena en la que el minutero de un reloj marcha en sentido inverso al habitual: es lo que sus ojos le hacen ver, es lo que desea ver.
La música hace uso de la armónica y del saxo alto en momentos que jalonan, sin saturaciones, el desarrollo de la acción. La fotografía describe con acierto el paisaje urbano de la vieja ciudad, el ajetreo sosegado de los vecinos, la ausencia en ella de tráfico rodado, la amable antigüedad de las casas, la tortuosa continuidad de las calles, las escaleras intrincadas. Durante el rodaje, los vecinos espontáneamente retiraban los coches aparcados y detenían el paso de los que se acercaban, erigiéndose en colaboradores desinteresados del equipo técnico. El guión, muy sencillo, explica la relación de Paul con la fascinación de Lisboa y su proceso de interiorización de la misma. La interpretación de Bruno Ganz es magnífica y la de la portuguesa Teresa Madruga rebosa naturalidad y verismo. La dirección construye una obra en la que se implica personalmente: explica su propio relato de fascinación y curación.
Una de las películas mejores de Alain Tanner, que descontamina los sentidos y purifica el espíritu.
Miquel 
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