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Penes y coños...
Otra diana de Lubitsch, y me da que bastante infravalorada.
Casi todas las constantes del cine de este genio palpitan aquí con fuerza. Esto es, el finísimo cinismo, la agudeza, el humor elegante y el caústico y falsamente frívolo análisis de las tensiones entre hombres y mujeres, o penes y coños, según cómo se mire.
Miriam Hopkins, como en la igualmente brillante Una Mujer Para Dos, rebosa carisma, y Herbert Marshall está arrebatador, como ladrón de guante rojiblanco, que contribuye a imprimir un toque canalla, gamberro y de falsas apariencias al guión verdaderamente gratificante.
Bien, Ernst, bien.
Barfly 
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