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Los escarabajos de oro
Habría que editar un espacio independiente para este tipo de películas, puesto que una obra como la de Que noche... ingresa sin lugar a dudas dentro del género de culto. Culto por los fans, culto por la época y culto por un estilo de narración a la hora de filmar entregas sobre bandas famosas.
A diferencia de otras obras, la de Lester cuenta con evidentes influencias del cine mudo y, sobre todo, de la firma distinguida de los hermanos Marx. Debo admitir que me sorprendí al ver a los Beatles actuando, creo que no solo tenían talento como músicos. Las primeras escenas del vagón de tren, con su estética y devenir argumental tan verborrágicamente surrealista me hicieron recordar casi como una patada placentera a los diálogos frenéticos, plagados de juegos de palabras, de Groucho Marx. Esta convención narrativa se traslada a toda la película, que sin perder en ningún momento su gracia sí decae bastante a la hora de llevar un hilo argumental, esto es lo que sucede muy a menudo con las pelis de bandas: se pierden por lo difuso de su argumento. Aquí se nota mucho más la tradición de conducir el guión desde lo que los músicos hacen, ya sea tocar en público o en estudios, y presentar los temas preparados para la peli.
Bajo un claro envase de video-clip extendido, Que noche... se apega a las "normas" más clásicas, esto es: un guión desenfadado con abundantes primeros planos de las estrellas y un muy breve acento dramático en la secuencia de Ringo, que termina por derivar en una nueva serie de gags para la ocasión.
Juan Rúas 
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