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1981: el año de los pufos (50)
Parafraseando al gran Fenriz, el año que inauguraba la década es uno de los menos limpios que a la academia de los cujons se le recuerdan. Se le urtó el Oscar a Scorsesse por Toro Salvaje y a Lynch por El hombre elefante. En cambio, se le adjudicó el premio a este telefilm de sobremesa de sábado por la noche en la primera aparición tras las cámaras del actor Robert Redford, un director nada curtido en el campo de la realización y con carencias obvias durante el visionado de la cinta.
Gente corriente no es Las Normas de la Casa de la Sidra ni En el Estanque Dorado. Aquí Redford juega con el sentimentalismo hacia fuera y no como debería haber hecho, hacia dentro. Intenta conmovernos a través de la desgracia y lo único que consigue es aburrir y que le otorguen 4 oscars totalmente inmerecidos. Envejece muy mal y solo ha pasado un cuarto de siglo. Donald Sutherland en el peor papel de su carrera, y los hay malos con ganas. Dicen las malas lenguas que a Ronald L. Schwary, el productor del film, le debían una bien gorda. Al parecer un escándalo sobre drogas y prostitución que el ínclito productor logró manejar sin que perjudicase a varios de los peces gordos de la Industria. Si no, caballeros, un bodriete como este no hubiese tenido cabida. Te dan ganas de ahogar a toda la familia...
Txarly 
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