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Visionaria
La he visto por lo menos cinco veces desde los 18. La primera vez que la vi, fue en una de esas sesiones de matiné donde veías dos pelis juntas (en esa ocasión fue con Missing) y salí a la calle habiendo muerto y renacido por primera vez (no exagero); con la sensación de que en cualquier momento podía caerme un bombazo (de los de Hiroshima).
La segunda fue en un taller literario donde nos rompían la cabeza a base de bienes como Alan Parker y el psicoanálisis (fue en la época en que DE VERDAD en Argentina se comía el psicoanálisis hasta en la sopa-'80s) y después de la proye todo el mundo se quedó con cara de haberle caído un bombazo (de los del atollón en no sé dónde por los franceses).
La tercera y las otras las vi en España no hace tanto, y aunque me sigue dando angustia, ya no me impacta como antes. Otras bombas me han caído desde entonces -en plena cara-; sin embargo, para mí Pink Floyd-The Wall, sigue siendo una revelación. Y me alegra haberla visto mucho antes del primer bombazo, porque cuando me cayó, ya iba avisada.
Por qué digo esto. Pues porque pienso en la última escena, para mí la más terrorífica de toda la película. La escena donde el muro interior se convierte en un muro exterior, y hay unos niños juntando -algunos descartando- piedras. Y cuando recuerdo esa parte, pienso que tanto Floyd como Parker fueron unos visionarios capaces de pronosticar este muro de psicosis individual llevada al contexto social que hoy tenemos. Por eso creo que The wall es una aplastante metáfora del siglo XX, alcanzando el XXI, con moraleja incluída.
No creo que el objetivo de la cinta fuera encumbrar a la banda -o quizá sí, no lo sé- aunque por ello no se puede desmerecer el tremendo mensaje que ella encierra, donde los elementos tanto visuales como musicales -a mi entender- están al servicio de la historia, y no al revés.
Decir que no comparto las opiniones de cierta gente que considera que para que te guste tienes que ser fan de Floyd, porque en su momento yo apenas sabía quienes eran y el mensaje me llegó claro y contundente, como una pieza alienante de relojería de alta calidad visual, musical y narrativa donde todo está perfectamente encajado, sin fisuras.
Así que le pongo un 10.
Malasangre 
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