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La muerte del mito
Uno desconocía antes de ver esta desmitificación tanto del western como del personaje de Jesse James la trayectoria de su realizador, Andrew Dominik, como director de segunda unidad de varias de las películas del gran Terence Mallick (La delgada línea roja, El nuevo mundo), aunque si había visto su ópera prima como realizador, la interesantísima "Chopper". Lo cierto es que el tratamiento tanto visual como narrativo de esta buena película, a ratos excelente, se acerca más al estilo letárgico y preciosista de Mallick que al de la pequeña cinta australiana protagonizada por Eric Bana. Sin embargo, sorteando el defecto más popular de su maestro, Dominik presta tanta atención al preciosismo visual (algunos planos son sencillamente imperecederos en la memoria del espectador) como a la narración fluida de un relato, excelentemente interpretado por un Casey Affleck, auténtico protagonista de la película, que roba todas y cada una de las escenas que comparte con Brad Pitt, lo cual tiene su mérito dado que éste también realiza una gran interpretación (tampoco convendría olvidarse de Sam Rockwell como Charlie Ford, probablemente el mejor trabajo de su carrera). El principal defecto que priva a esta cinta de ser la obra maestra que podría haber sido es una media hora final prácticamente innecesaria, salvo para estirar el ya perfectamente definido personaje de Robert Ford, pero eso no le resta valor como auténtico ejercicio de western desmitificador, una suerte de antítesis del estilo pomposo y efectista de Sergio Leone que guarda al menos media docena de secuencias realmente memorables.
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