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Despega la ciencia-ficción
Con un cohete espacial que ha colisionado contra el ojo derecho de la cara (no oculta y deliciosamente humanizada) de la Luna, queda una imagen fantástica para la posteridad, para el ojo del buen cinéfilo con ganas de saborear lo añejo, de echar la vista atrás y ver nacer al cine. En este caso, somos testigos del bautismo del género de la ciencia ficción.
Méliès, tras una prolífica carrera cinematográfica y pasar a la historia del cine, se atrevió con una historia fantástica que iba a basar su capacidad de fascinación en la utilización de efectos especiales (que vistos con nuestros ojos, claro, son entrañables y enternecedoramente inocentones), contando la historia de uno de los sueños del hombre del siglo XX: viajar a la Luna y, consecuentemente, navegar por el espacio.
La película es un mito, una (entretenidísima) leyenda cinematográfica de apenas un cuarto de hora de imágenes fascinantes, mágicas y llenas de cariño e imaginación, rebosantes de ingenio y encanto que conforman, sencillamente, una obra maestra, un hito del séptimo arte y que supone el comienzo de la ciencia ficción.
Sin duda, una especie única, imprescindible, mítica.
Sarasa 
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